Hace unos años, una amiga me dijo que el amor verdadero no siempre llega cuando lo esperas, sino cuando ya te has rendido. Desde entonces, he salido con personas que me querían mucho, pero en el fondo sabía que no sentía lo mismo. Me esforzaba por convencerme de que el cariño bastaba, que con el tiempo aprendería a quererles de verdad. Pero no, siempre acababa sintiéndome atrapada, como si estuviera interpretando un papel que no me pertenecía. Y lo peor es que cuando alguien me atrae de verdad, no me quiere o directamente no me respeta. A veces pienso que igual el amor es una mezcla torcida de costumbre, deseo y autoengaño… y que lo que llamamos ‘la persona ideal’ es solo una excusa para no aceptar que amar es perder un poco de dignidad.

