Siempre fui una persona muy centrada en mi vida personal y en mis relaciones, nada fuera de lo común. Tengo 27 años y nunca había tenido dudas sobre mi orientación sexual. Pero algo cambió ayer en el vestuario del gimnasio. Las duchas son compartidas, y aunque siempre las he usado sin pensar demasiado, ayer algo me hizo sentir incómodo, pero de una manera extraña. Estaba en la ducha cuando, de repente, un chico entró y empezó a ducharse justo al lado. Al principio no pensé en nada raro, pero cuanto más lo miraba, más me daba cuenta de lo bien formado que estaba, de lo natural que era ver su cuerpo tan definido. Sus movimientos al enjabonarse, la forma en la que sus músculos se tensaban, me desconcentraron por completo. Empecé a preguntarme si era normal que me fijara tanto, como si algo despertara en mí una curiosidad que nunca había sentido antes. ¿Era solo la admiración por su físico o había algo más que no quería admitir?
