Siempre me dijeron que la apariencia no importaba, pero yo no lo veía igual. Desde pequeño fui el niño gordito que nadie quería tener cerca, y aunque intentaba ser simpático y buena gente, nadie me prestaba atención. A veces sentía que me ignoraban por mi físico, pero había algo dentro de mí que me decía que no todo estaba perdido. Con el paso de los años, decidí ponerme en forma, no por los demás, sino por mí mismo. Cuando empecé a notar los cambios, no solo mi cuerpo se transformó, sino también mi forma de ver las cosas. De repente, la gente me miraba diferente, e incluso las chicas empezaron a fijarse en mí. Sin embargo, mi mejor amigo, siempre tan delgado, nunca tuvo que esforzarse por conseguir atención. A veces me sentía frustrado porque aún con todo mi esfuerzo, nunca conseguía la misma aceptación fácil que él, pero algo dentro de mí me impulsaba a seguir adelante. No me rendiré, aunque a veces las comparaciones duelan.

jx8qlg