Desde hace meses intento mantenerme al margen de mis impulsos, pero cada vez que creo tener control me acaba ganando la tentación. He probado mil formas de distraerme, desde ejercicio hasta evitar el móvil, pero siempre vuelvo al mismo punto. Me da rabia, porque quiero sentirme libre de esa obsesión que me quita energía y concentración. ¿A alguien más le pasa que, por más fuerza de voluntad que pone, el deseo siempre encuentra la manera de colarse?

