Otro día más. El despertador suena, pero no tengo ganas de levantarme. Podría ir al gimnasio, podría estudiar, podría… Pero nada me motiva. Me quedo allí, en la cama, mirando las paredes de mi habitación como si fueran la única compañía que me queda. No sé qué me pasa, pero las cosas ya no tienen sabor. La idea de hacer algo productivo suena absurda, porque ¿para qué? Al final, me decido a salir a la calle, pero todo me parece igual. Gente pasando, coches, ruido. La monotonía me ahoga. Entro en una cafetería, pido un café sin muchas ganas, y me siento frente a la ventana, observando a los demás. ¿Ellos también se sienten vacíos por dentro? Supongo que nunca lo sabré. Me quedo allí un rato, en silencio, hasta que la tarde se convierte en noche, y de nuevo, el cansancio me arrastra. Cuando finalmente me acuesto, mi mente sigue en blanco. ¿Es esto lo que se llama ‘vivir’?

