Cuando las risas ya no resuenan
Hace tres años tenía un círculo de amigos con los que cada tarde terminaba en la cafetería del barrio. Compartíamos planes, confidencias y risas que parecían interminables. Con el tiempo, las obligaciones laborales y las metas personales fueron imponiéndose: estudios, un nuevo empleo, una relación estable. Las conversaciones se volvieron escasas y, cuando aparecían, pasaban rápido sin la chispa de antes. Ahora, al verlos, siento que ya no encajo; no porque ya no les quiera, sino porque he

